José Maria Benito Serra

JOSÉ MARÍA BENITO SERRA nace el día 31 de mayo de 1910 en Mataró (Barcelona), España, ciudad para la cual sus padres se habían mudado. Buscaban distanciarse del clima inseguro que se vivía en Barcelona, en el poder de los franceses, y en contexto de la guerra de la Independencia.

Su bautizo acontece en la Iglesia de Santa María y recibe los nombres de José Eudaldo Antonio. El padrino, Francisco de Asís Carreras, es un primo de su padre y después será su tutor, cuidando de él manteniendo una estrecha relación y un cariño especial entre ambos.

Ya en la infancia, el pequeño José se siente afectado por la muerte de sus padres, y es por eso que, desde pequeño, se va aumentando su capacidad de trabajar, sufrir, emprender, arriesgar que caracterizará toda su vida. Los primeros estudios en el Colegio de las Escuelas Pías en Barcelona que eran gratuitos y, años más tarde, expresará una profunda gratitud a sus padres por que le proporcionaron la educación religiosa recibida de los padres de San José de Calazans.

Concluidos sus estudios en el colegio, trabaja en una tienda de la Calle Sombrerers (junto a la Iglesia de Santa María del Mar), donde fue muy estimado por su rendimiento, amabilidad y sus actitudes cristianas.

Después de una vida como monje benedictino, misionero y obispo en Australia y fundador con Antonia Maria da Misericordiade la Congregación de las Hermanas Oblatas del Santísimo Redentor, murió el 8 de septiembre de 1886 en Benicasim (Castellón – España).

Hoy la Familia Oblata continúa con su sensibilidad social, audacia y espíritu evangelizador, comprometiéndose a que muchas mujeres continúen encontrando una puerta abierta.

MONJE BENEDICTINO

El joven José, a medida que envejece, busca y se pregunta sobre el significado y el futuro de su vida. Siente y acoge el llamado de Dios, y a los 17 años ingresa en el Monasterio Benedictino de San Mantin, en Santiago de Compostela, donde comienza la formación monástica y hace la primera Profesión Religiosa el día 21 de diciembre de 1828, recibiendo el nombre de José María Benito Serra.

Pasa por años de intensa formación, estudio y consolidación vocacional. Se especializa en Ciencias Humanas, Hebraico, Griego y Teología. Es ordenado sacerdote el día 18 de marzo de 1835 y al día siguiente celebra su primera misa en la capilla de la Virgen del Perpetuo Socorro del Monasterio de San Martin. Concluida la etapa de formación se dispone para la actividad pastoral.

En esos años, la situación política en España es complexa y delicada. La legislación anti clerical provoca la salida de diversas órdenes religiosas del país, al ser aprobado el decreto de confisco y exclaustración de Mendizábal en septiembre de 1835.

Con voluntad determinada y tenaz, José María Benito Serra, decide continuar su vida monástica en Italia. Con 25 años de edad, su nuevo destino es el Monasterio de la Santísima Trinidad de Cava, en la provincia de Salerno, donde permanecerá durante 10 años. La vivencia de la Regla de San Benito va configurando su personalidad y vocación. Desempeña una gran actividad como profesor de Teología, Hebraico, Griego, Cánones y es nombrado rector del Seminario. Se siente amado y valorizado por todos.

En esta época, la Iglesia Católica está viviendo un nuevo despertar misionero, gracias al impulso e incentivo del Papa Gregorio XVI, monje Benedictino, y Serra acaricia este sueño.

MISIONERO Y OBISPO

El despertar de su vocación misionera es compartido con Rosendo Salvado, otro benedictino que conoció en Santiago de Compostela, y ahora son hermanos de comunidad en Cava y buenos amigos. Atentos a la dinámica eclesial, los dos sueñan y planean ser misioneros y su ofrecimiento incondicional es aceptado y el mismo Papa les concede audiencia de envio. Viajan para Australia, donde después de largos meses de travesía, llegan en enero de 1846.

Durante 14 años de misionero en Australia; Monseñor Serra, es nombrado Obispo de Daulia y Administrador Apostólico de Perth y demuestra sus fases de viajante, explorador, guía, acompañante y sobre todo, educador y evangelizador de los pueblos indígenas de Australia. Es una etapa que está caracterizada por dificultades, tensiones complexas y desagradables, no obstante, el, es creador e innovador en sus métodos misioneros y pastorales, tenaz, constante en sus empeños y un luchador idealista.

En el año 1859 vuelve a Roma, presenta la renuncia al Obispado de Perth y se establece en Madrid en agosto de 1862. El Obispo de Daulia es una personalidad bien conocida en la Corte, porque la Reina Isabel II le había premiado con la gran Cruz de Isabel la Católica por su actividad misionera. Cuando regresa, vuelva a sus relaciones y actividad misionera; intenta restaurar la Orden Benedictina; frecuenta la obra de la Vizcondesa de Jorbalán de la cual es amigo, las Conferencias de San Vicente de Paúl y entras cosas visita el Hospital de San Juan de Dios donde se produce una parada de reflexión en su vida.

FUNDADOR

Su sensibilidad social y su dinamismo le provocan a mirar la realidad con juicio crítico, de preferencia la realidad que se da en los lugares donde las personas no son contadas y viven en situación de exclusión. Es el Hospital de San Juan de Dios donde, en su trabajo pastoral, escucha la realidad, el dolor y opresión de las mujeres enfermas, víctimas del fenómeno de la prostitución, Serra se conmueve y todo su ser es afectado por esta situación, se siente obligado a hacer alguna cosa por ellas y afirma:

“Si nadie me ayuda, lo haré solo con la gracia y ayuda de Dios. Si todas las puertas se cierran, yo le abriré una, donde puedan salvarse.”

Habilidoso para buscar recursos, conecta con instituciones, idealiza estrategias, usa de sus influencias, apela a la Reina, anuncia y denuncia como profeta y solicita el apoyo de Antonia María de Oviedo y Schonthal, quien será cómplice perfecta para aquello que, juntos, descubren como el Plan de Dios para sus vidas.

El día 1º de junio de 1864, el Obispo de Daulia y Antonia de Oviedo abren las puertas de la primera casa en Ciempozuelos (Madrid), donde acogen mujeres y jóvenes que desean dejar la prostitución. Juntos superan diversas pruebas y dificultades y el proyecto va creciendo progresivamente y el día 2 de febrero de 1870 nace la Congregación de Hermanas Oblatas del Santísimo Redentor, cuyos fundadores son José María Benito Serra y Antonia María de la Misericordia.

En su actividad pastoral se dedica a acompañar la naciente familia religiosa y en 1885 se retira para el Desierto de las Palmas en Benicasin (Castellón) donde fallece el día 8 de septiembre de 1886.