Si Jesús naciera hoy en día, ¿encontraría puertas cerradas? ¿Nacería en medio del ruido de las ciudades, de las guerras que traspasan fronteras? ¿Su rostro estaría entre las personas que huyen, que lloran, que resisten? La violencia existe, es real y duele profundamente. Sin embargo, no es la última palabra. 

También encontraría manos tendidas. Su madre, María, sería acogida por otras mujeres y su padre siempre presente, consciente de su humanidad. Aún hoy, el mundo cuenta con personas de buen corazón, generosas, valientes, capaces de acoger cuando el mundo elige excluir. Incluso en la pobreza, Jesús encontraría a quienes comparten lo poco que tienen, quienes transforman el dolor en cuidado y el silencio en un gesto concreto de amor.

Hay una fuerza mayor que atraviesa el mundo como una corriente de luz: el bien que se organiza, el amor al prójimo que se multiplica, la esperanza que insiste en nacer cada día. 

No soltemos las manos de nuestras hermanas y hermanos. Incluso en tiempos difíciles, el bien sigue en movimiento.  Y es en esta poderosa corriente de amor que seguimos, creyendo que otro mundo es posible y comienza en nosotros.

Que podamos renovar nuestra fe y renacer al verdadero sentido de esta celebración: la esperanza que nace sencilla, pequeña y vulnerable.

¡Feliz Navidad!

Equipo de Comunicación Provincial